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«Rafael Correa denuncia fraude electoral con pruebas químicas: un nuevo capítulo en la polémica política ecuatoriana»



Un experimento, una tinta y una denuncia sin precedentes

Rafael Correa ha vuelto al centro del debate político en Ecuador tras presentar una denuncia pública en la que asegura haber sido víctima de fraude electoral. Esta vez, no solo lo afirma con palabras o con declaraciones políticas, sino con lo que califica como “evidencia científica”. Según el exmandatario, se habría utilizado tinta transferible en las papeletas de votación, lo que habría permitido manipular votos durante la segunda vuelta electoral.

La denuncia, presentada inicialmente a través de sus redes sociales, está acompañada por un video en preparación, y se apoya en pruebas periciales químicas que pretenden demostrar que existió un sistema fraudulento diseñado para alterar los resultados. “Así nos hicieron el fraude”, sentenció Correa, mientras explicaba cómo la tinta utilizada en las papeletas podía ser transferida físicamente a otra superficie en un lapso de apenas 40 segundos.


¿Qué dice el informe forense?

Según un documento divulgado por sus cercanos colaboradores, se efectuó un análisis químico forense sobre una muestra de tinta extraída de un bolígrafo supuestamente utilizado durante la segunda vuelta electoral. Este análisis fue realizado mediante la técnica de cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas, que permite identificar la composición química exacta de una muestra.

El bolígrafo fue identificado como un modelo comercial importado por la empresa ecuatoriana COMIRSA, con origen en la India. Al comparar la tinta de este bolígrafo con otra muestra de un bolígrafo chino de venta comercial, se identificaron diferencias sustanciales:

  • Se detectaron cuatro diferencias significativas entre las tintas.
  • Seis compuestos adicionales fueron hallados en la tinta utilizada en la elección.
  • Dos compuestos ausentes en la muestra cuestionada estaban presentes en la tinta del bolígrafo chino.
  • Se halló una concentración excesiva de alcohol bencílico, un solvente que acelera la volatilidad y facilita la transferencia de tinta.

Entre los compuestos identificados se encuentran sustancias químicas como tolueno, xileno, anilina, difenilamina, cristal violeta, violeta de metilo y benzoato de bencilo, muchos de ellos conocidos por sus propiedades de transferencia y baja adherencia inicial. Estos componentes permiten que la tinta se mantenga húmeda por más tiempo, lo que posibilita su manipulación.


Prueba de transferencia: el corazón de la acusación

Uno de los elementos más controversiales del informe es la prueba de transferencia realizada con la tinta sospechosa. En ella, se aplicó la tinta sobre una hoja de papel bond y luego se presionó con papel glase, emulando un posible proceso de manipulación del voto. Los resultados revelaron una transferencia casi completa de la tinta al papel glase, con un tiempo de secado promedio de solo 40 segundos.

Según Correa, esto explicaría por qué no se permitió la revisión manual de un solo voto, ni tampoco la toma de fotografías a las papeletas, ya que “los códigos QR no coincidían con las respectivas mesas”. Asegura que, si se hubiera permitido esa verificación, habría quedado evidencia del traspaso de tinta.

Además, el expresidente denunció que la OEA detectó tinta transferible en su informe preliminar, y que su partido fue forzado a retroceder en aproximadamente 16.000 mesas, lo cual habría tenido un impacto decisivo en los resultados finales de la elección.


Una denuncia política con ecos científicos

La gravedad de la acusación no radica solamente en su contenido técnico, sino en las implicaciones políticas que conlleva. Rafael Correa insinúa que el fraude no fue casual ni espontáneo, sino planificado y ejecutado con precisión, utilizando tecnología y conocimiento químico para interferir en el ejercicio democrático.

El uso de sustancias como la timolftaleína, la violeta cristal o el metabisulfito de sodio para modificar la respuesta del papel ante la tinta sería parte de lo que Correa califica como un “experimento electoral”. Estas sustancias pueden afectar la adherencia de la tinta, su visibilidad bajo ciertas luces o su reacción con componentes del papel.


¿Qué responde el Consejo Nacional Electoral (CNE)?

Hasta el momento, el CNE no ha emitido una respuesta oficial al informe técnico presentado por Correa. Sin embargo, sectores del oficialismo han calificado la denuncia como una estrategia política desesperada para deslegitimar los resultados.

Expertos independientes han solicitado que las pruebas forenses sean revisadas por instituciones imparciales, como laboratorios universitarios o peritos judiciales. “Si existe base científica, debe ser corroborada y no solo difundida políticamente”, declaró un experto en ciencias forenses de la Universidad Central.


¿Qué sigue ahora?

Rafael Correa ha anunciado que se encuentra elaborando un video que documentará todo el proceso químico y técnico detrás de su denuncia. Asegura que lo presentará ante la opinión pública nacional e internacional y que solicitará auditorías externas al proceso electoral.

Esta situación reabre una vieja herida en la democracia ecuatoriana: la desconfianza sobre la integridad de los procesos electorales. Con acusaciones graves y análisis químicos de por medio, el país se encuentra nuevamente ante un dilema que mezcla ciencia, política, y una lucha de narrativas que aún no ha terminado.


Más que una denuncia, un reto institucional

El caso plantea un nuevo desafío para las autoridades ecuatorianas: demostrar que las elecciones fueron limpias, o asumir el costo político de una investigación internacional. De comprobarse alguna manipulación a través de materiales como la tinta, estaríamos ante uno de los fraudes más sofisticados registrados en América Latina.

La tensión aumenta y el país vuelve a mirar hacia sus instituciones con una mezcla de expectativa y escepticismo. Rafael Correa, por su parte, no se da por vencido.