Jimbilla aislada y olvidada: los deslizamientos sepultan la esperanza de sus habitantes
La naturaleza vuelve a poner a prueba a Loja, pero esta vez, como tantas otras, la respuesta de las autoridades es tardía y deficiente. Los deslizamientos de tierra en la vía que conduce a la parroquia Jimbilla, particularmente en el sector del barrio Sevilla de Oro, mantienen a las familias en vilo, aisladas, con miedo y desamparadas. El clamor es uno solo: ayuda urgente y soluciones definitivas.
Un drama que se repite, sin que nadie actúe a tiempo
Los deslaves comenzaron hace varios días, producto de las lluvias intensas que han azotado la región. Lo que empezó como un pequeño deslizamiento se ha transformado en un riesgo constante: la vía, vital para el tránsito de personas y el abastecimiento de productos, está bloqueada por toneladas de lodo y piedras.
«Estamos atrapados. No podemos salir a trabajar, ni siquiera podemos llevar a los niños a la escuela con seguridad», relata angustiada una madre de familia del barrio Sevilla de Oro.
Los habitantes de Jimbilla han visto cómo, una vez más, la naturaleza les recuerda la fragilidad de su geografía, pero lo que más duele es el olvido en que los tienen sus autoridades.
Un pedido desesperado: que lleguen las máquinas y la ayuda
Hasta el momento, los trabajos realizados son, según denuncian los moradores, insuficientes y lentos. La maquinaria no ha logrado restablecer el paso de manera segura.
«Necesitamos que las autoridades nos miren, que envíen maquinaria y sobre todo que apoyen a las familias que lo han perdido todo por el lodo», señala un dirigente barrial.
Las viviendas cercanas al deslizamiento están en riesgo. Varias familias han tenido que abandonar temporalmente sus hogares ante el temor de un deslave mayor que los sepulte. Y lo que es peor: la falta de vías transitables dificulta la llegada de asistencia y víveres.
«Aquí no se trata solo de abrir la vía por un rato. Se trata de dar una solución definitiva. ¿Cuántas veces al año tenemos que pasar por esto?», se pregunta un morador cansado de la misma historia repetida.
Una gestión ausente, una población que resiste
Los habitantes de Jimbilla y Sevilla de Oro no solo luchan contra el lodo. Luchan contra la indiferencia. Las autoridades municipales y provinciales han emitido comunicados vagos, sin detallar un plan de acción concreto ni un cronograma que devuelva la tranquilidad a la comunidad.
«No podemos seguir viviendo al borde del abismo y dependiendo de la buena voluntad de las autoridades. Necesitamos una intervención seria», enfatiza un líder comunitario.
Lo que está en juego
Más allá de la incomodidad de no poder transitar, lo que está en riesgo es la seguridad, el sustento y la dignidad de decenas de familias. Los productores agrícolas no pueden sacar sus productos. Los niños pierden clases. Las personas mayores y enfermas ven comprometida su atención médica.
Cada día que pasa sin soluciones, la situación se agrava y el temor crece: un nuevo deslizamiento podría cobrar vidas.
Conclusión: Jimbilla no puede esperar más
El drama de Jimbilla refleja una verdad incómoda: Loja tiene parroquias y comunidades enteras que son invisibles para las autoridades hasta que el desastre está consumado. Es momento de pasar de las excusas a la acción. Las familias lo necesitan. La dignidad lojana lo exige.