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Entre la sed y el abandono: El Plan Maestro de Agua Potable de Loja bajo auditoría

Loja, conocida por su civismo, su historia cultural y sus noches tranquilas, hoy enfrenta una crisis que se extiende más allá de los grifos vacíos. Lo que debía ser un modelo de gestión hídrica moderna —el Plan Maestro de Agua Potable— se ha convertido, para muchos lojanos, en un símbolo de promesas rotas, frustración constante y una gestión municipal cada vez más cuestionada. La Contraloría General del Estado ha intervenido con un examen especial al proyecto, en un intento por esclarecer qué salió mal, dónde se desviaron los recursos y, sobre todo, quién debe responder ante una ciudadanía cada vez más indignada.

El proyecto que prometió agua para todos

En el año 2020, el Municipio de Loja lanzó con bombos y platillos el llamado «Plan Maestro de Agua Potable», una intervención integral que, según las autoridades de entonces, solucionaría décadas de deficiencia hídrica en la ciudad. El plan contemplaba mejoras estructurales: nuevas redes de distribución, modernización de plantas de tratamiento, tanques de reserva, sistemas de automatización y más. Cinco años y millones de dólares después, lo único que fluye con regularidad en muchos hogares no es el agua, sino la molestia ciudadana.

Según la Orden de Trabajo No. 0006-DNA5-GAD-2025-1, la Contraloría auditará el periodo comprendido entre el 1 de junio de 2020 y el 31 de mayo de 2025, abarcando aspectos técnicos, administrativos y financieros del Plan Maestro. La auditoría revisará la planificación, ejecución de contratos, montos invertidos, operatividad del sistema y uso de recursos públicos.

La sed de la ciudad: un panorama desolador

Basta un breve recorrido por barrios como Samana, Época, Zarzas II, El Rosal, Sauces Norte, Motupe, Ciudad Alegría y hasta zonas céntricas para confirmar que el acceso al agua se ha vuelto una lotería. Hay sectores que no han recibido el líquido vital durante más de 20 días consecutivos; en otros, solo llega un par de veces al mes. Y en algunos casos, incluso cuando llega, es turbia, escasa o inservible.

“En mayo, en Sol de los Andes solo tuvimos agua dos días. ¿Dónde están las autoridades? ¿Dónde está el plan?”, se pregunta María Ordóñez, madre de tres niños, quien muestra con rabia su cisterna vacía.

Lojanos como ella han tenido que gastar sus limitados ingresos en la compra de tanqueros privados o improvisar métodos de almacenamiento. Otros optan por denunciar públicamente su desesperación en redes sociales, aunque la respuesta institucional suele ser el silencio o la excusa técnica de turno: que si una válvula rota, que si una fuga en la red, que si una sobrecarga del sistema.

Auditoría en marcha: ¿esperanza o simple formalidad?

La intervención de la Contraloría ha sido recibida con esperanza por parte de varios sectores sociales, aunque también con escepticismo. El contralor general, el lojano Torres Maldonado, declaró que el examen especial se realiza por “la urgencia de los reclamos ciudadanos” y que el personal técnico de Quito llegará en los próximos días para iniciar el proceso.

“Este examen determinará qué ha pasado con el Plan Maestro de Agua Potable y, si hay responsables, tendrán que responder a la ciudadanía”, advirtió en declaraciones oficiales. Se espera que los resultados preliminares estén listos en 90 días, y que en menos de seis meses se establezcan posibles responsabilidades administrativas, civiles o incluso penales.

Detrás del telón: la política del abandono

Pero más allá de las auditorías y los informes, en Loja crece una sensación de hartazgo. Muchos consideran que la actual administración municipal ha sido indiferente, poco resolutiva y carente de empatía frente a un problema tan básico como el acceso al agua.

“No tengo recuerdos de una administración tan desastrosa y quemeimportista. Ya venimos de décadas de alcaldes ineptos, pero este alcalde va camino a ser parte de lo más oscuro de nuestra historia municipal”, escribió un ciudadano indignado en redes sociales, reflejando el tono general de las conversaciones cotidianas en la ciudad.

La crítica no es únicamente por la falta de agua, sino por la falta de presencia, de liderazgo, de humildad para reconocer errores y rectificar. Para muchos, el municipio ha caído en una rutina de justificaciones mientras los lojanos padecen lo que algunos ya llaman “la peor crisis hídrica urbana de nuestra historia”.

Infraestructura que se hunde, literalmente

El deterioro del sistema hídrico no se limita a lo invisible. Las calles también muestran el colapso. Huecos sin señalización, tuberías expuestas, desbordes de agua contaminada. En una calle céntrica, un ciudadano reportó que varios vehículos habían caído en una zanja de más de un metro de profundidad. “Si un niño cae ahí, muere. Y nadie se hace responsable”, denunció.

Después de una hora de espera, agentes de tránsito apenas lograron colocar una señal de peligro improvisada. La ciudadanía, acostumbrada al abandono, ha tenido que asumir roles que les corresponden a la autoridad: señalizar, denunciar, informar.

¿Y ahora qué? El desafío de dejar de ser “lojanos alcanfores”

La reflexión es dura, pero necesaria: Loja ha sido históricamente una sociedad conformista frente a sus autoridades. La crítica popular apunta no solo a quienes están en el poder, sino a una ciudadanía que durante años ha tolerado la mediocridad y la ineficiencia.

“Dejemos ya de ser lojanos alcanfores”, se lee en una de las pancartas durante una protesta reciente. “El inepto y el pelele deben salir del municipio”, exigía otro cartel.

Más allá de la rabia y la protesta, este momento representa una oportunidad. Si la auditoría de la Contraloría logra desenmascarar los errores del Plan Maestro, podría sentar un precedente histórico. Pero el cambio verdadero no llegará solo con sanciones: se necesita una transformación ética, técnica y cívica de la gestión municipal.

Conclusión: la gota que rebasó el vaso

En una ciudad cuya identidad se forjó alrededor de la cultura, la educación y la civilidad, la falta de agua no es un simple problema técnico: es una crisis moral. Porque lo que está en juego no es solo un derecho humano, sino la confianza de un pueblo en sus instituciones.

La Contraloría ha encendido la luz en una sala llena de sombras. Ahora, Loja observa y espera que esa luz no se apague sin respuestas. Y que las futuras generaciones no hereden una ciudad de grifos secos, sino de dignidad restaurada.