Promocional

El quehacer literario lojano en la dinámica cultural republicana y Latinoamericana

“Hecho por el ministerio de la ley…”

Este libro es el culmen existencial de un esfuerzo intelectual, de una persistencia investigativa, de un cívico interés profesional, de una nobleza de propósito ciudadano;

Jaime Enrique Celi Correa

A Francisco Bayancela lo conozco desde mediados de la década de los setenta. La circunstancia laboral en cuyo ámbito ello sucedió fue la sufrida, dinámica, anecdótica e impredecible circunstancialidad laboral periodística de la Editorial Difusión Cía. Ltda. Editora de diario El Mundo, empresa lojana liderada por personalidades epónimas de la sociedad lojana, a la época, aún anclada en los muelles de la dialéctica social, geopolítica y cultural de ancestro colonial. A Pancho Bayancela lo recuerdo atareado en la revisión sintáctica, ortográfica y estilística de textos impresos en verdaderas sábanas de papel. Es que era el “corrector de pruebas” de “El Mundo”, periódico local de corte y tinte liberal, alma y voz del cotidiano interactuar social, político, económico y cultural de aquellos legendarios años en los que la Loja del ancestro colonial e inicial de la vida republicana, vio y vivió los albores definitivos de su crecimiento urbanístico, de su apertura a la compleja, incierta e ignota cosmovisión económica, científica, educativa y cultural surgida del empuje innovador de una globalización que había ya desbordado los límites de sus fuentes nutricias, gracias a la expansión de la tecnología informática que, a más de acortar distancia, permitía a sociedades distantes y diversas, de alguna manera interactuar, enriqueciéndose, complementándose y proyectándose.

A Francisco Bayancela, decía, lo conocí en la responsabilidad indelegable de su oficio de corrector de pruebas, es decir de contrapesador y contextualizador de la información diversa y oportuna que le debía llegar al ilustrado, atento y crítico lector que era el lojano de ese entonces.  Lo recuerdo como a un intelectual absorto, instrumentado de su persistente e incorregible terquedad de lecto asiduo, a la vez que de escritor analítico-crítico, empeñado en el quijotesco propósito de conseguir cuajar la utopía de aportar a la minga social constructora de una opinión pública enfocada en el desarrollo y modernización global de un conglomerado urbano sediento y deseoso de progreso, bienestar y buen vivir.

La Editorial Difusión S.A. estaba liderada por prestantes lojanos, entre ellos: Luciano Laso, Teresa Mora y su esposo Eduardo Valdivieso Idrovo, Gonzalo Celi Román, Oswaldo Samaniego, Juan Ontaneda, Jorge Mora y Rubén Ortega; a la vez que dinamizada por el aporte comprometido de intelectuales lojanos de la talla, entre otros, de:  Alfredo Jaramillo, Fausto Aguirre, Ernesto Jiménez, Jorge Sarmiento, etc.

Teniendo como fondo el recio tableteo del teletipo del que salían tiras de papel impreso con noticias del cable, a la par que del desacompasado y atascado picoteo del teclado de las máquinas de escribir, vivimos interminables jornadas de trabajo, a causa de las condiciones tecnológicas poco favorables en las que se laboraba. La que comandaba el ritmo laboral de la cotidianidad era la vieja rotativa que, cargando a cuestas dos carretones de papel, nos entregaba compaginado y doblado en la cesta de depósito el periódico diario. Víctor Chininín, a la vez que tipógrafo, armador y operador, era, puedo decir, el capitán del navío que traía y acercaba al lector lojano el lejano y escurridizo acontecer noticioso. De ello han transcurrido algo más de 38 años, lo que significa que las cosas han cambiado de modo significativo y profundo.

Hoy, en el aquí y ahora de este acto, me corresponde, por expresa voluntad del autor, mas no por “el ministerio de la ley”, presentar ante ustedes el libro de su autoría intitulado, metafóricamente y no sin sana picardía preconcebida “…Hecho por el ministerio de la ley…”. Como es de suponer, dada su condición de profesional del derecho, el enfoque de la totalidad de su producción escrita en este libro está vertebrado por su propósito existencial de pasear su capacidad especulativa de ciudadano pensante dueño y ejercitante de su derecho a expresar públicamente sus puntos de vista respecto del fascinante, a la vez que controversial y enmarañado ámbito de la jurisprudencia, conocimiento científico-técnico responsable de la solución de los conflictos relacionados con la observancia de los derechos inalienables del individuo humano integrado e interactuante en un conglomerado social dialécticamente dinamizado por la pugna irresoluta de fuerzas contrapuestas sustentadas, todas ellas, sobre la base de intereses, propósitos, aspiraciones y anhelos acontecidos en circunstancialidades espacio-temporales múltiples, a la vez que relativizadas a códigos ético-morales sin un denominador común que les garantice la lógica convergencia que es de suponer les debería corresponder.

La obra de Pancho Bayancela, cuya circulación se oficializa en este acto y con el testimonio y protagonismo de todos quienes estamos presentes, es el culmen existencial de un esfuerzo intelectual, de una persistencia investigativa, de un cívico interés profesional, de una nobleza de propósito ciudadano; en fin, es la cristalización del noble propósito del autor, de aportar, con pragmatismo y objetividad, al desarrollo, sustentabilidad y proyección del quehacer académico del  Derecho y de su justa comprensión por parte del lector atento y motivado para adentrarse en el discernimiento de sus textos, todos ellos contextualizados investigativa y didácticamente. Creo, desde mi criterio de profano en el mundo de la jurisprudencia, que la didáctica manejada por el autor  se lo permitirá con creces.

Todo comienza con una larga narrativa de carácter analítico-crítica bajo el título de “Utopía Coherente”. En ella y a través de 36 premisas debidamente propuestas y desarrolladas lo encamina al lector y lo adentra en la exposición de una amplia y extensa temática testimoniada por tratadistas de connotado prestigio. Finalmente, me permito emitir el siguiente juicio de valor: quien recorra, página a página y palmo a palmo la extensa literatura, anecdóticamente tratada, quedará dueño y señor de un conocimiento enriquecedor frente a la necesidad sentida de, de alguna manera, entender los vericuetos del mundo de las ciencias del derecho, ámbito científico responsable de dar soluciones “legales y justas” a la conflictividad social, por su mima naturaleza, a la vez que dinámica, irresoluta y siempre retadora.