Loja, Ecuador. En las estrechas calles del centro de Loja, persianas metálicas bajadas y locales vacíos se han vuelto una escena habitual. Lo que alguna vez fue un dinámico circuito comercial, hoy refleja el impacto visible de una crisis económica que golpea con fuerza al corazón productivo de esta ciudad andina.
Desde mediados del 2023, los negocios locales han venido enfrentando una tormenta perfecta: inflación, bajo poder adquisitivo, inseguridad, competencia desleal y una digitalización acelerada que ha tomado por sorpresa a muchos comerciantes tradicionales. El resultado: una ola de cierres que preocupa tanto a los comerciantes como a la ciudadanía.
Un panorama de quiebre: negocios que bajan la cortina
«Tuvimos que cerrar después de 12 años. Las ventas ya no daban para cubrir el arriendo ni los sueldos», cuenta con pesar Mariana Guamán, quien hasta hace pocos meses administraba una boutique en la calle Bolívar. Su caso no es aislado.
De acuerdo con la Cámara de Comercio de Loja, más del 30% de los negocios registrados en 2023 cesaron sus operaciones en el último año. Entre los sectores más afectados están los restaurantes, tiendas de ropa, negocios tecnológicos y locales del mercado tradicional.
Muchos propietarios explican que, además de la caída en las ventas, el costo operativo se ha vuelto insostenible. Alquileres elevados, impuestos y servicios que no se detienen, sumados a una clientela que ahora prioriza lo esencial, han sido factores determinantes en esta cadena de cierres.
La calle y el desafío de sobrevivir
En contraste, el comercio informal ha ganado terreno. Decenas de vendedores ambulantes recorren la ciudad ofreciendo sus productos, sin pagar arriendo ni impuestos, lo que crea una competencia desleal. Para los comerciantes formales, la situación es insostenible. «No podemos competir con quienes no tienen los mismos gastos ni controles», señala Andrés Sarango, dueño de una tienda de electrodomésticos.
La inseguridad también es otro problema creciente. Robos a locales, asaltos en zonas comerciales y la falta de presencia policial han afectado la confianza de los ciudadanos y desincentivado la actividad comercial nocturna.
¿Es posible una recuperación?
Pese al sombrío panorama, hay quienes no pierden la esperanza. Algunos comerciantes han optado por reinventarse y buscar nuevas formas de llegar al cliente. Redes sociales, plataformas de venta online y sistemas de entrega a domicilio han comenzado a formar parte del nuevo lenguaje comercial.
«Pasamos de vender solo en tienda a usar Facebook, WhatsApp y TikTok para promocionar nuestros productos. Es un cambio que costó, pero era necesario», explica Karina Poma, emprendedora del sector de artesanías.
El papel de las autoridades y la comunidad
Desde la Municipalidad de Loja se han planteado algunas estrategias para enfrentar esta crisis. Ferias de emprendimiento, campañas para consumir local y alianzas con universidades para capacitar a los comerciantes en herramientas digitales son algunas de las medidas tomadas. Sin embargo, muchos consideran que estas acciones son todavía insuficientes.
«Necesitamos políticas reales de alivio financiero, créditos blandos, reducción de impuestos y, sobre todo, voluntad política para ordenar el comercio informal sin afectar a quienes también luchan por sobrevivir», sostiene la economista Teresa Ramírez, especialista en desarrollo local.
Un nuevo modelo de comercio para Loja
Lo que sucede en Loja no es un caso aislado, pero sí es una oportunidad para reflexionar sobre el modelo económico local. El comercio tradicional requiere de una transformación estructural: adaptarse al entorno digital, ofrecer valor agregado y aprovechar el potencial turístico y cultural de la ciudad.
Además, el fortalecimiento de alianzas público-privadas, el impulso al turismo interno y la inversión en seguridad urbana podrían abrir la puerta a una recuperación sostenible.
Conclusión
La crisis del comercio lojano es el reflejo de una economía que necesita ser repensada. Entre negocios cerrados, ventas en declive y comerciantes en resistencia, también emergen propuestas, adaptaciones y nuevas formas de hacer economía. Loja está en una encrucijada, y de las decisiones que se tomen hoy dependerá la salud comercial del mañana.
Porque detrás de cada local cerrado hay una historia, una familia, un sueño. Y también, la posibilidad de empezar de nuevo.