Crisis energética en Ecuador: La parálisis de los oleoductos apaga el motor petrolero del país
Ecuador atraviesa una de las peores crisis energéticas de los últimos años debido a la virtual paralización de su producción petrolera, tras la suspensión total de operaciones de los dos principales sistemas de transporte de crudo: el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) y el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE). Desde el 1 de julio de 2025, la economía nacional —fuertemente dependiente de sus exportaciones de petróleo— ha visto reducir su producción a tan solo el 10% de su capacidad habitual.
El impacto es directo, brutal e inminente. Según el último reporte oficial del 12 de julio, Petroecuador, la empresa estatal responsable de cerca del 80% del petróleo que se extrae en el país, registró una producción promedio diaria de apenas 39.133 barriles, cuando hasta antes de la crisis —el 1 de julio— se producían alrededor de 369.598 barriles por día. Es decir, la producción cayó un 89% en menos de dos semanas.
Los campos se apagan ante el colapso logístico
La drástica reducción se debe a un cuello de botella logístico: no hay capacidad para almacenar más petróleo mientras persiste la suspensión del transporte a través de los oleoductos, por lo que las plantas productoras han tenido que apagar sus pozos. Entre los campos que han reducido o detenido por completo su actividad están Cuyabeno (Bloque 58) y Sacha, dos de los pilares de la producción amazónica.
Aunque algunos bloques como EDÉN-YUTURI, APAIKA, ITT y Shushufindi continúan operando parcialmente, la presión es cada vez mayor, y existe el riesgo de una paralización total si la situación no se resuelve en los próximos días.
¿Qué provocó la crisis? Lluvias, erosión y una infraestructura vulnerable
El detonante fue un fenómeno natural predecible pero devastador: las intensas lluvias en la provincia amazónica del Napo reactivaron el fenómeno de erosión regresiva del río Coca, generando deslizamientos de tierra y debilitando la estructura de los oleoductos.
El OCP, que suspendió operaciones el 1 de julio, reanudó temporalmente el bombeo siete días después, pero tan solo pudo operar por ocho horas antes de que un nuevo deslizamiento volviera a interrumpir la actividad. La esperanza de reiniciar el bombeo el 13 o 14 de julio aún no se ha materializado.
Por su parte, el SOTE, que está bajo la responsabilidad de Petroecuador, nunca llegó a reactivarse, a pesar de los intentos. Un oficio interno del 2 de julio, firmado por el gerente de Producción, Andrés González, informaba al gerente general Leonard Bruns que el sistema podría reactivarse el 9 de julio. Sin embargo, esa fecha pasó y el SOTE sigue fuera de operación, profundizando la emergencia.
Ecuador sin exportaciones: una bomba de tiempo económica
El impacto no es solo técnico. Ecuador ha debido suspender completamente sus exportaciones de crudo, fuente fundamental de divisas para sostener el presupuesto estatal. En un país dolarizado y con limitadas fuentes de ingreso externo, el petróleo representa entre el 30% y el 35% de las finanzas públicas. La caída de la producción implica menos ingresos por exportación, menos impuestos, menos inversión pública y, potencialmente, un ajuste económico que afectará a todos los sectores sociales.
Esta situación también deja en evidencia la falta de planes de contingencia robustos, así como la fragilidad de la infraestructura estratégica petrolera, especialmente en zonas de alto riesgo geológico.
El dilema de la gestión: sin petróleo, sin dólares y sin respuestas
Hasta ahora, ni Petroecuador ni el Ministerio de Energía han ofrecido una ruta técnica clara de solución. Tampoco se han activado planes alternativos para el transporte del crudo que se sigue extrayendo en cantidades reducidas. Se desconoce, además, si se han activado pólizas de seguros por interrupción de operaciones o si se está negociando asistencia técnica internacional para contener la erosión del río Coca, que ha sido una amenaza persistente desde el colapso del río en 2020.
Además, la empresa estatal no ha transparentado la situación financiera derivada de esta crisis, ni cómo está impactando en sus contratos con empresas proveedoras, prestadoras de servicios, ni con sus obligaciones internacionales.
Ecuador ante una emergencia estructural
La crisis petrolera de julio de 2025 no es una simple interrupción técnica. Se trata de una emergencia estructural, que pone en jaque no solo la estabilidad financiera del Estado, sino también su soberanía energética y su credibilidad internacional como país exportador.
En medio de este escenario, la reactivación de los oleoductos es urgente, pero no suficiente. Se requiere una reingeniería profunda de la infraestructura petrolera, inversión en prevención de desastres naturales, y sobre todo, una política energética responsable y previsora.
Mientras tanto, el Ecuador sigue perdiendo millones de dólares cada día, mientras sus pozos permanecen cerrados y sus ciudadanos siguen sin respuestas claras de sus autoridades.