Loja se ahoga en la crisis: sin agua, con calles destruidas y un alcalde que evade responsabilidades
La ciudad de Loja atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Calles rotas, socavones que se abren de manera peligrosa en plena urbe, sectores enteros sin agua potable durante días y semanas, y una ciudadanía que clama por soluciones reales y no más discursos vacíos. Frente a esta crisis, el alcalde Franco Quezada parece más preocupado por sostener su cargo que por enfrentar con seriedad y compromiso los problemas que tienen a la ciudad al borde del colapso.
Una crisis que el municipio minimiza, pero que los lojanos viven a diario
Durante su última intervención pública, el alcalde Quezada mostró un discurso que raya en el negacionismo. En un comunicado confuso, deslindó responsabilidades y puso en duda la magnitud de la emergencia:
«Es importante que nos digan cuáles son los barrios que no tienen agua. Se sigue diciendo que no hay agua, pero hay sectores donde sí hay abastecimiento», señaló, intentando, sin éxito, relativizar lo que es un drama cotidiano para miles de familias.
Mientras el burgomaestre solicita listados de barrios sin agua, la realidad es evidente: más del 70 % de la ciudad sufre intermitencias o cortes totales del servicio básico más vital. Y no son casos aislados. Los habitantes del centro, de barrios como Época, El Valle, El Capulí, La Banda y decenas de sectores más lo confirman: el agua no llega a sus hogares desde hace días o incluso semanas. Y lo más grave es la incertidumbre.
«No nos dicen por lo menos tentativamente para cuándo tendremos el agua potable. No podemos vivir así», comenta indignada una vecina del barrio Época, que lleva cinco días sin el servicio.
Excusas oficiales frente al colapso estructural
El municipio, a través de comunicados, ha atribuido la emergencia a las fuertes lluvias:
«Las lluvias de los últimos días generaron deslizamientos de taludes, represamiento de quebradas y ríos, saturación del suelo que ocasionaron problemas en las captaciones de agua cruda que abastecen a las plantas de tratamiento Pucará, Curitroje y Carigán», señala el boletín oficial.
Sin embargo, estas explicaciones resultan insuficientes para una ciudadanía cansada de los mismos argumentos. Los desastres naturales pueden ser un factor, pero la falta de planificación, mantenimiento y obras preventivas ha sido el detonante de esta crisis. Cada semana, un nuevo comunicado con las mismas razones, sin un plan de acción claro ni cronogramas que devuelvan la esperanza a los lojanos.
El rostro de una ciudad abandonada
El agua no es el único problema. Loja luce devastada:
- Socavones que aparecen sin aviso y devoran las calles, como el ocurrido el sábado pasado en el barrio Época, donde un vehículo quedó atrapado.
- Vías llenas de baches y hundimientos, imposibles de transitar con seguridad.
- Un casco urbano que pierde su atractivo turístico entre la suciedad, el caos vial y el deterioro de su infraestructura.
La ciudadanía es contundente en sus críticas:
«La naturaleza está complicada, pero el municipio solo se excusa en eso. El problema es que no hacen mantenimiento constante, solo actúan cuando ya hay un desastre», señala un morador de El Capulí.
«Cada semana lo mismo, sin previo aviso, sin transparencia. Queremos información clara y soluciones, no más discursos», reclama otra vecina del centro.
Un alcalde más preocupado por su puesto que por su pueblo
Frente al creciente malestar ciudadano, el Concejo Cantonal actuó: nueve de sus miembros votaron por la remoción de Franco Quezada. Un mensaje político claro: su gestión no da respuestas a la magnitud de los problemas de Loja. La ciudadanía lo respalda: en redes sociales y en las calles se repite el mismo clamor:
«Loja votó para remover a @FrancoQuezada_ y lo hizo con 9 votos del Concejo. @TCE_Ecuador debe respetar esa decisión. @DanielNoboaOk, el pueblo no aguanta más.»
Pero el alcalde, lejos de reconocer los errores y asumir con humildad la crisis, insiste en defender su cargo, en lugar de priorizar el bienestar de una ciudad que clama por liderazgo, eficiencia y, sobre todo, respeto.
Loja merece más
La crisis que vive Loja no es solo producto de la naturaleza. Es el resultado de años de desatención, de falta de mantenimiento de su infraestructura básica y, en el momento más difícil, de un liderazgo municipal incapaz de estar a la altura de las circunstancias. La ciudad no solo necesita que el agua vuelva a fluir por sus tuberías; requiere que fluya también la responsabilidad, la planificación y el compromiso real de sus autoridades.
Mientras tanto, los lojanos siguen esperando, con tanques vacíos y esperanzas agotadas.