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Empoderamiento y esperanza entre hornos: 23 mujeres privadas de libertad se capacitan en panadería artesanal en Loja

En el Centro de Rehabilitación Social de Loja, donde cada historia de vida carga con silencios, errores y esperanzas, veintitrés mujeres privadas de libertad escriben un nuevo capítulo: uno que huele a pan recién horneado, a oportunidades reales y a dignidad recuperada.

Concluyeron satisfactoriamente un taller de panadería artesanal, desarrollado durante varias semanas en coordinación con instituciones públicas y privadas que apuestan por la reinserción social desde un enfoque humano y transformador.

El programa formativo no fue simplemente un espacio técnico para aprender a preparar panes, pasteles o empanadas. Fue una experiencia integral, donde se abordaron temáticas como emprendimiento, trabajo en equipo, desarrollo de habilidades blandas y autoestima. Las participantes no solo dominaron las recetas, sino que también comprendieron el valor de trabajar por una segunda oportunidad.

Este tipo de acciones responde al principio constitucional de rehabilitación integral de las personas privadas de libertad, pero además concreta un objetivo mayor: romper el ciclo de exclusión que muchas veces se repite al salir de prisión. En Ecuador, la reincidencia carcelaria supera el 35%, una cifra que puede reducirse significativamente si existen programas efectivos de capacitación y empleabilidad como el impulsado en Loja.

Las mujeres participantes expresaron, en un pequeño acto de clausura, su gratitud por la formación recibida. Entre lágrimas y sonrisas, coincidieron en que este taller “no solo enseña un oficio, sino que devuelve esperanza”.

Una de las internas señaló: “Nunca pensé que volvería a soñar. Pero ahora sé que puedo abrir un pequeño negocio cuando recupere mi libertad. Lo que aprendí aquí es más que una receta: es una herramienta para rehacer mi vida”.

El proyecto fue impulsado por la Dirección del CRS Loja, en colaboración con el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) y actores de la sociedad civil que han comprendido que invertir en las cárceles no es sinónimo de impunidad, sino una apuesta por la prevención del delito desde el tejido social.

Con este tipo de procesos formativos, el sistema penitenciario de Loja se convierte en un espacio donde se siembra dignidad. El pan, símbolo ancestral de sustento, es ahora también una metáfora de reconstrucción y futuro para estas mujeres que, entre hornos y harina, están recuperando no solo habilidades, sino el sentido de su existencia.